Guía para principiantes
A medida que escribía este libro he pensado con frecuencia en aquellos lectores que quisieran hacer algo más que sólo leer sobre tantos juegos excelentes que hoy en día son, tristemente, inaccesibles. ¿Qué tiene que hacer un jugador actual para jugar estas grandes pero descatalogadas obras maestras como «Pool of Radiance», «Wasteland» y «The Black Gate»? Incluso si un principiante es capaz de encontrar una copia de segunda mano de estos juegos, se encontrarán preguntándose cómo meter un disco flexible de 5’ 1/4” de un Apple II en un PC moderno.
Existen tres principales obstáculos a los que el principiante debe enfrentarse cuando intente encontrar y jugar este torrente de CRPGs clásicos. El primer gran obstáculo es la compatibilidad. Muchos de los mejores CRPGs estaban pensados para ordenadores que ya hace mucho que no se fabrican, como el Apple II, el Commodore 64 y el Atari ST. Un jugador comprometido con recrear la experiencia auténtica tendrá que encontrar un modelo de una de estas máquinas que aún funcione, y prepararlo no será fácil. Incluso si el juego está hecho para MS-DOS es muy poco probable que se ejecute correctamente en un PC moderno. Asumiendo que llegue a funcionar, probablemente se ejecute demasiado rápido como para poder controlarlo.
Afortunadamente existe una solución al asunto de la compatibilidad: la emulación. Estos programas permiten a los PCs modernos emular una plataforma antigua. La solución más completa es un programa gratuito llamado MESS, que viene de “Multiple Emulator Super System”. MESS te permite emular cientos de plataformas diferentes desde un adecuado interfaz de usuario gráfico. Existen también emuladores específicos según la plataforma que son gratuitos, fáciles de usar y cargados de características como son Apple Win (para Apple II), Win-VICE (Commodore 64) y DOSBox (los primeros compatibles IBM). Algunos de estos programas vienen ya listos para usar aunque otros requiere encontrar primero una ROM del sistema. Normalmente las instrucciones para descargar o comprar estos ficheros están disponibles en la página web del emulador.
Una vez que el usuario tiene una de estos emuladores funcionando, la siguiente tarea es encontrar ROMs, versiones especiales del software que han sido especialmente preparadas para la emulación. Desafortunadamente aquí es dónde nos encontramos con el segundo obstáculo importante: la legalidad. Las modernas leyes de copyright son absurdamente complejas y poco intuitivas, por decirlo suavemente. No voy a entrar en detalles, pero lo que es importante saber es que todos y cada uno de los productos de software que se hayan hecho están registrados y, por lo tanto, protegidos por la ley de copyright. Esto significa que aunque un juego viejo pueda llevar décadas sin ser publicado, ser incompatible con los PCs actuales y no sea accesible ni para los coleccionistas, sigue siendo ilegal descargar una ROM de él de un sitio web. A pesar de todo, multitud de personas aún quieren jugar a esos juegos y muchos individuos bienintencionados han hecho que esos archivos estén disponibles a pesar de la ley. Los sitios de abandonware generalmente operan bajo el principio de sólo ofrecer un fichero para su descarga hasta que el propietario de los derechos les notifica que deben quitarlo. Sin embargo, nadie debería en ningún caso intentar descargar ilegalmente una ROM de un programa que todavía esté siendo comercializado.
El tercer obstáculo todavía puede ser perfectamente el más grande: la obsolescencia. No es sólo que el hardware haya cambiado desde aquellos días de «Wizard’s Crown», sino también el software. Los principiantes lucharán por aprender esos interfaces pasados de moda que fueron hechos mucho antes que los ratones y los GUIs (interfaces de usuario gráficos) se convirtieran en estándares. Es fácil olvidar cuan extraño e incómodo podía ser un juego cuando se basaba en su totalidad en controles arbitrarios mediante un teclado. De la misma manera, los jugadores acostumbrados hoy en día a los gráficos 3D de última generación y al sonido envolvente tendrán que superar sus prejuicios acerca de que cualquier juego que no tenga esa calidad es inherentemente inferior.
Cuando escucho a jugadores hacer este tipo de declaraciones les señalo que tiene tan poco sentido rechazar un juego viejo por tener “malos” gráficos como rechazar jugar al ajedrez porque no nos guste el diseño de las piezas. De hecho, una persona así de arrogante y de mente tan estrecha se reiría de cualquier torneo de ajedrez. No me malinterpretéis; no dudo de que a cualquiera le gustaría más jugar con un bonito ajedrez que con uno de mala calidad, sólo que este tipo de detalles son rápidamente olvidados una vez que empieza el juego.
Mi consejo a cualquiera que realmente quiera aprender la historia de los CRPGs es empezar con los nuevos clásicos y gradualmente ir hacia atrás. Todavía es relativamente fácil, por ejemplo, encontrar copias de «Baldur’s Gate» o «Mandate of Heaven» y hacerlas funcionar en un PC moderno. De hecho, «Diablo» todavía se vende como parte de «Diablo Battle Chest» y corre sin problemas incluso en Windows Vista. Yo recomendaría saltarse los primeros juegos de Windows 95 y Windows 3.1, ya que pueden ser insoportablemente difíciles de ejecutar incluso para los expertos en emuladores. Si vas un poco más atrás, a la época del DOS, las cosas se vuelven mucho más fáciles gracias a DOSBox, aunque necesitarás un ordenador muy potente para ejecutar algunos juegos (especialmente los primeros de «Elder Scroll» de Bethesda).
Los juegos que deben figurar en la lista de cualquiera deben ser los grandes clásicos de 8 bits, que afortunadamente son bastante fáciles de encontrar y ejecutar mediante la emulación. Debo decir, con cierto disgusto, que muchos de esos juegos son mucho más jugables ahora, bajo estas circunstancias, que lo que lo eran originalmente, algo particularmente cierto cuando se trata de los tiempos de carga. Un juego que llevaría media hora cargar en un Commodore 64, tarda ahora unos pocos segundos. Otra mejoría es la de poder guardar el juego instantáneamente, siempre que quieras, sin importar cómo fue diseñado originalmente el juego, y también es habitual poder acelerarlo o ralentizarlo. Tengo que admitir que hice uso de estas características para pasarme el Final Fantasy original.
Por otro lado, la emulación nunca será tan auténtica como jugar al juego con el hardware original —a lo mejor aquellos largos tiempos de carga o frustrantes sistemas de guardado de partida son ahora parte de la diversión—. Aunque siento cierta simpatía por estos argumentos y estoy de acuerdo con que estos aspectos son interesantes desde una perspectiva histórica, yo descargué mi puño contra mi amado Commodore 1541 durante mi primera visita a «Pool of Radiance». El aparato se había comido mi disco de partidas salvadas y, efectivamente, se había cargado a todo mi equipo con el que había estado viviendo aventuras durante semanas. Probablemente sea una experiencia que todo el mundo debería experimentar al menos una vez, aunque sólo sea para apreciar mejor los beneficios de la emulación.
Obviamente, cualquiera que sea la forma que elijas para jugar estos grandes juegos, no será fácil. Pero aquellos que huyan en lugar de afrontar el reto no tendrán nada que ganar. En cuanto a ti, pobre mortal, ten cuidado. ¡Estás entrando en los dominios de Akalabeth, mundo de perdición!

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